Yo
Dormía apaciblemente cuando irrumpió intespestivamente mi otro yo; lo vi triste, desesperado y agonizante. Su mirada suplicaba que lo atendiera, que no podía esperar hasta mañana.
Me incorporé y me senté a un lado de él, tomé su mano y traté de transmitirle la calma que el sueño me había dado y lo insté a hablar.
Fijó su mirada en mí, parecía asustado, sus labios apenas podían murmurar mi nombre y temblaba, el llanto empezó a fluir de sus ojos siempre serenos.
Le abracé y con ello intenté que se tranquilizara, le susurré al oído que todo estaría bien, que cualquiera que fuera su problema estaría resuelto y que por nada del mundo le dejaría solo.
Se apartó bruscamente y un torrente de palabras salieron de su boca, clamaba por compasión, por sosiego y consuelo; lanzó juramentos y prometió irse para siempre si no había una solución.
Lo miré avergonzada y no pude responder; me dolió su reclamo, nunca antes me había hablao así. Me sentí mal al saber que tenía razón y comprendí la causa de su estado: el abandono al que lo había confinado lo estaba matando.
No sabía que hacer, quería ir a su encuentro pero la culpa me detenía, ¿cómo mirar su rostro y poder decirle que lo sentía? Había sido egoísta todo este tiempo al no ver por él.
Lentamente me puse de pie y me coloqué a su lado temerosa de la reacción que pudiera tener al decirle que lo amaba y que su dolor me dolía a mi también.
Fueron breves los mometos en los que su mirada se cruzó con la mía y me transmitió sus penas; en ese momento lo comprendí y le di la razón.
Caí de rodillas ante él suplicando perdón, lloré como nunca antes lo había hecho y recordé la última vez que lo ví y recurrí a él. Tenía razón, había sido egoísta al hacerlo a un lado, lo desterré al olvido y ahora él regresaba pidiendo un poco de atención.
Tomó mi mano y me incorporó del suelo, me abrazó y al sentirlo en mis brazos lo estreché con tanta fuerza que logré incorporarlo en mí. Volvíamos a ser uno de nuevo.
Me tendí en mi lecho y dormí con un sueño tan profundo, soñé con la soledad que circunda el abismo más allá de la muerte y la oscuridad.

ser verdaderamente uno mismo? quienes somos en realidad es tan complicado de entender como es dificil entender por que dios no spuso en el lugar en le que estamos. Cada parte de nosotros pretende aflorar pero las mas poderosas consiguen hacer sufrir a los pequeños .
seremos nostors mismos o somos el fruto de una guerra de pesonalidades que nos ipiden brillar con total fuerza?